La Santísima Trinidad de la conciliación laboral

3 eran 3. Tantas cosas son 3, ¿a que sí? Sin ir más lejos, la Santísima Trinidad. La de la conciliación laboral la componen la jornada continua, la flexibilidad horaria y el teletrabajo. Una Santísima Trinidad clave para alcanzar el equilibrio entre la vida laboral y personal.

Los nuevos tiempos exigen nuevas maneras de trabajar. Se vive y así como se vive, se trabaja. ¿Qué queremos? No estar atados al asiento de la galera romana, tener tiempo para realizar tareas que coinciden con nuestro horario laboral y no tener que recuperarlo o pedir días para ello, y establecer la jornada laboral según nuestros intereses o como venga el día.

¿Estamos pidiendo lo imposible, como los estudiantes del Mayo del 68? No tanto. Más bien estamos haciendo hincapié en las tres claves que deberían caracterizar a las empresas del siglo XXI. Esto es: jornada continua, flexibilidad horaria y teletrabajo. O lo que es lo mismo, la Santísima Trinidad de la conciliación laboral.

Así que no se trata de pedir lo imposible, sino de abogar por medidas de conciliación que permitan compatibilizar la vida laboral con la personal. Ni más ni menos que disponer de más tiempo para descansar, para disfrutar de la familia y amigos. Y todo ello sin que la consabida productividad se resienta, así como tampoco el rendimiento laboral.

¿Qué se ganaría implementando cada uno de los componentes de aquella Santísima Trinidad?

Por un lado, una jornada continua mejora la calidad de vida de las personas y, además, le sale más rentable a las empresas que las jornadas laborales prolongadas. Basta con echar un cálculo a los gastos de una y de otra para percibir al instante el beneficio.

Por otro, la flexibilidad horaria permite adaptar las horas de entrada y de salida a la necesidad de cada uno. Al final, las horas suman y si dan el tiempo correcto, ¿para qué exigir el estricto cumplimiento del horario?

Finalmente, el teletrabajo es la variante más apreciada por muchos trabajadores. La vida familiar de cada uno es particular, con sus problemas y vicisitudes: enfermedades, cuidado de los hijos o de personas mayores, averías en casa… Desde luego, con una cultura de trabajo basada en el asiento de la galera romana, circunstancias que nunca se podrían resolver y sí acomete el teletrabajo.

En definitiva, una Santísima Trinidad a la que cada vez se encomiendan más trabajadores. Por algo será.

FUENTE: Equipos y Talento

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