El bombo de María

La conciliación es el gran reto de las empresas españolas. María lo sabe. Con 38 años se quedó embarazada. Después de dar a luz y del periodo de baja tenía la posibilidad de acogerse a una jornada reducida. Habló con el jefe y le propuso mantener el mismo horario laboral… Desde casa. Han ganado todos. Ella y su empresa.

Al octavo mes de embarazo, María miró a Estela, dos mesas a la izquierda. Tenía una niña de dos años y trabajaba de ocho a tres. A esa hora se marchaba a casa. En teoría, porque pocos eran los días en que Estela cumplía su horario. Por H o por B lo normal es que lo alargara alguna hora más. Cosas del trabajo. Y eso le hizo reflexionar a María mirando su bombo, bastante importante, con David dentro esperando el momento para salir. Y dándole vueltas a la cabeza: si acogerse a la jornada reducida una vez se reincorporara al trabajo, o bien apañárselas como pudiera. María suspiró y meneó la cabeza. No, no, no.

Teletrabajo madre leyendo cuento a su hija blog virtualizando con CitrixEra la encrucijada a la que se enfrentaba: cumplir con su deber como madre, algo que le hacía mucha ilusión, o mantener una carrera que estaba desarrollando con firmeza después de pasar por mandos intermedios y haber alcanzado una dirección que le reportaba un buen sueldo, exigencias y responsabilidades, todos deseados. María se miraba la abultada barriga. En pocas semanas se cogería la baja. Luego…

David nació tres semanas después. Tres kilos trescientos gramos. Rubio y de nariz achatada, como la madre, y con unas orejas pelín separadas, como el padre. Alegría y felicidad. En el hospital recibió la visita de Manuel, que le trajo un ramo de rosas y le felicitó por la maternidad recién estrenada. María y Manuel conversaron animadamente en la habitación en presencia de Agustín, su marido. Manuel, el director general de la empresa, se marchó a la hora de llegar y dejó a María en la habitación en compañía de David, abrazada a Agustín y con una sonrisa en los labios.

A la semana de estar en casa, María comenzó a contestar algunos correos. A los quince días, revisaba informes. Al mes, una videoconferencia. Y los dos meses reportaba directamente con Manuel. Y al tercero, y al cuarto, y al quinto… María estuvo el primer año trabajando desde casa y sin acogerse a la jornada reducida. Tenía las herramientas a su disposición, soluciones que le evitaban desplazarse a la oficina pero sí mantener, en la medida de lo posible, una carga de trabajo más aceptable. Y se sentaba delante del portátil, contestaba algún correo electrónico y sonreía como solo las madres saben sonreír cuando su hijo le pedía alguna que otra carantoña.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s