El último recién llegado a BYOD

BYOD es una tendencia que ya está completamente asentada dentro de las empresas, especialmente las pequeñas y medianas. Los empleados trabajan desde sus propios dispositivos, pero con exhaustivas políticas de seguridad que protegen los datos de las empresas para las que trabajan. Y da igual la edad que tengan los empleados. Aunque tengan 62, como Asdrúbal. El último recién llegado a BYOD.

BYOD blog virtualizando con CitrixAsdrúbal Cordobés, 61 años. Natural de Duruelo, provincia de Soria. Y tecnófilo. O al menos eso dice. Trabaja en una correduría de seguros. Las tablas de Excel. Un crack manejándolas. Además de que se da buena maña con los números. Acabó allí después de que su anterior empresa, una subsidiaria de energía, hiciera un ERE. Le tocó a él. Tenía todos los papeles. Y a su edad, pasados los 60, veía casi imposible volver a trabajar de no ser porque su cuñado, copropietario de la gestoría, le ofreciera echar una mano unas cuantas horas por semana. De no ser por ello, ahora estaría viendo obras, que parece que la construcción levanta el vuelo, construyendo maquetas o echando migas a los patos, mismamente.

Quiera la cosa que, en el lapso que medió entre su salida de la anterior empresa y el aterrizaje en la correduría de su cuñado, se compró una Tablet. Un buen modelo. Para ver películas, series de televisión y navegar en Internet. De eso estaba enterado su cuñado, que antes de comenzar a trabajar le preguntó que por qué no se la llevaba al día siguiente a la correduría.

―¿Para qué? ¿Acaso no voy a trabajar? ―contestó a su cuñado, todo serio.

―Claro, pero con la Tablet.

Y entonces, de sopetón, el cuñado de Asdrúbal le soltó una palabra que le estremeció: BYOD. Y cuando le dijo lo que significa en un perfecto y comprensible inglés, Asdrúbal, poco menos que ojiplático, tartamudeó hasta que logró articular:

―¿Bring youcualo?

Your own device, trabajar con tu propio dispositivo. La Tablet, en este caso.

Asdrúbal cavilaba. No lograba entenderlo. Trabajar en la correduría y fuera de ella, cuándo y cómo quisiera, con su Tablet, además de con el portátil de la oficina. Así podría visitar a clientes, resolver cuentas con ellos.

―Se la dejas un par de horas a Martín, el de informática, y te la niquela.

La primera mañana que acudió a la correduría hizo lo que su cuñado le aconsejó: le dejó la Tablet al del departamento de informática, y después de un par de horas, se la devolvió cargada con algunas aplicaciones para que pudiera utilizar los mismos programas que su ordenador de escritorio. Cosas que, sólo con el tiempo, a pesar de su total desconocimiento inicial ―que si sen risiver, que si sen mobail, que si sen desctop, le explicó Martín a vuelapluma―, no le costó manejar.

Eso fue hace un año. Esta mañana luce un sol espléndido. Se ha tomado una cerveza con un cliente en una terraza. Han despachado el IVA del trimestre, algo del 360 pendiente, etcétera. El cliente se marchó cinco minutos. Asdrúbal revisa un par de correos y apura la cerveza. Puede que esta tarde no vaya a la correduría. Ha avisado a su cuñado, y éste ha accedido. Cosas del BYOD, le dijo Asdrúbal, riéndose. Por ser el último llegado a BYOD. Que le ha cambiado la vida. Al menos hasta que se jubile. Que sólo le quedan tres años, dicho sea de paso.

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