Un Smartphone para Tomás

Existen personas a la que la tecnología obliga a realizar un esfuerzo considerable por adaptarse a ellas. Pero cuando lo consiguen, les cambia la vida. Tanto personal como profesional. ¿Eso puede ocurrir a los 61 años? Tomás dice que sí. Y además, nos lo cuenta.

A Tomás le encanta recoger a su nieto del colegio, llevarlo al parque, comprarle chuches… Malcriarlo, en definitiva, para disgusto de sus padres. Y le gusta hacerlo. Y ahora puede hacerlo. Antes…

Hasta hace un par de meses, se las tenía que ver y desear para ir a recogerlo al colegio ―las obligaciones laborales de los padres―. Alguna que otra llamada, reuniones vespertinas, contestar varios informes… Y su ordenador. De una tecnología aceptable ―no se trata de lo último de lo último―, para cumplir con sus tareas diarias. Y la foto del nieto al lado, posando con la camiseta y la bufanda de su equipo. Un día que lo llevó al fútbol y le retrató de esa guisa. Por si acaso, hay que decir que Tomás es viudo desde hace cinco años, y el nieto es su mayor fuente de entretenimiento. Por eso busca y araña las horas del trabajo para intentar pasar con él el mayor tiempo posible.

Hombre mayor usando smartphone blog virtualizando con citrixCircunstancia de la que era conocedor Abisinio ―Abis en el trabajo, no le gusta que le llamen por su nombre completo―, jefe del departamento informático de la empresa en la que trabaja Tomás. Lo veía sufriendo por acabar lo antes posible, lamentándose cuando se le citaba para una reunión a destiempo o jurando en arameo cuando su teléfono móvil ―usa el mismo modelo desde hace diez años― no daba más de sí.

Hasta ese día.

Fue hace un par de meses. Abis se presentó ante Tomás con terminal usado, un Smartphone que, en sus palabras, todavía tenía mucha guerra que dar. De un ex directivo que lo cambió por otro más moderno y funcional. Ya sabes, lo de siempre. Tomás alargó la mano para coger el terminal como quien recibe la copa del Santo Grial, extrañado, y empezó a darlo la vuelta y a examinarlo con cuidado.

―¿Y para qué quiero yo esto? ―pregunto a Abis aún estupefacto.

―Para que puedas pasar más tiempo con tu nieto.

―¿Tú me tomas el pelo, o me tomas el pelo?

Abis le quitó el Smartphone y comenzó a explicarle su funcionamiento de una manera bastante somera. Esto para llamar, esto para navegar por Internet, y esto para que te puedas conectar y trabajar como si lo estuvieras haciendo aquí, en la oficina.

―¿De verdad se puede hacer eso? ―preguntó Tomás, asombrado.

Y eso no es todo, prosiguió Abis. Esto otro te permite mantener reuniones a distancia, pero como si estuvieras delante de la persona. Y esto otro es también para…

Aquella charla técnica duró diez minutos. Tomás aprendió a manejar el Smartphone, y lo que es mejor, a realizar distintas tareas a través de él: a contestar correos, a gestionar informes, a  mantener reuniones y cerrar tratos mientras estaba sentado en un patio del parque junto a su nieto…

Un día, al salir del colegio, éste le regalo un dibujo. Tomás lo cogió agradecido y los ojos se le humedecieron. Un hombre mayor jugaba con un niño pequeño, que se deslizaba por un tobogán. Debajo, una frase escrita con letra pulcra de caligrafía: “Para mi yayo, que tiene todo el tiempo del mundo para mí”.

Tomás suspiró, tomó a su nieto de la mano y se dirigieron a una panadería. Le iba a comprar una enorme palmera de chocolate, que le encantaban. Disponía de tiempo para su nieto. Lo más bonito que le habían dicho en los últimos meses.

Cosas de la tecnología.

Y es que la edad no importa…

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