Movilidad: un beneficio para la vida laboral y personal

Evaristo tiene 43 años, dos hijos, mujer, perro, un portátil, un Smartphone de última generación y una tableta. ¡Ah! Y un jefe, perro viejo dueño de una empresa con muchas décadas de experiencia en su mercado. De los que disfrutan viendo a sus trabajadores atados al asiento de la galera romana. Evaristo era uno de ellos. Era. Hasta que mostró a su jefe los beneficios de la movilidad.

‘La confianza S.A., seguros y reaseguros’ es la empresa en la que trabaja Evaristo, un agente de seguros. Su jefe es Don Jenofonte, que lleva 40 años al frente de la empresa que heredó de su padre, Don Sisebuto, cuyo retrato preside su despacho. Hombre recto y cabal donde los hubiera, Don Jenofonte sigue sus preceptos punto por punto: la manera de llevar la empresa, las relaciones con los trabajadores… Una empresa familiar. Nada se mueve en ella sin que lo sepa Don Jenofonte. Hasta que llegó Evaristo hace unos ocho meses.

galera-remeros blog virtualizandoconcitrix.wordpress.comEvaristo fue fichado por el departamento comercial de la empresa, que dirige Arístocles, ―aunque en la empresa alguno le llame Platón sin saber a cuento de qué, porque él no lo sabe―. Evaristo traía nuevos aires, renovadas esperanzas para una empresa más anquilosada que la manivela de un Ford T. Nuevas maneras de trabajar, en definitiva. Los lunes, para evitar el atasco, llegaba sobre las once de la mañana a la oficina; en ocasiones ni la pisaba en todo el día si visitaba a tal o cual cliente; se quedaba en casa si alguno de sus hijos se ponía enfermo… Y un buen día llegó a trabajar con su propio ordenador. Aquello fue el acabose.

Don Jenofonte puso el grito en el cielo. Si ya de por sí no le gustaba aquel trabajador, menos sus maneras, formas y estilo de trabajo. “Contagioso y peligroso”, lo llegó a definir. Hasta que un viernes lo llamó a su despacho con cara que presagiaba funeral. Evaristo lo sabía, pero también iba preparado; no era la primera vez que trabajaba para un tipo así. Dos horas duró la conversación… Más una comida posterior en la que Evaristo, números en mano, le mostró su rendimiento en los últimos meses, el crecimiento experimentado por la empresa gracias a su trabajo y los buenos números cosechados, que crecían mes tras mes. «Y eso, ¿cómo es posible?» exclamó un cada vez más convencido Don Jenofonte.

movilidad blog virtualizandoconcitrix.wordpress.comEvaristo tiró de manual, bien aprendido. Aprovechando las posibilidades que nos dan las nuevas tecnologías. Que si este aparatito, además de recibir mensajes y para llamar, también sirve para controlar pedidos, procesos de venta, etc.; que si esta tableta está conectada a mi equipo de la oficina y me permite trabajar como si estuviera delante de él; que si puedo contestar a un correo mientras le estoy dando la papilla al niño, que no vea cómo come para tener ocho meses… Movilidad que se le llama, en definitiva.

Tres meses después, y como dijo un eximio político, a ‘La Confianza S.A., seguros y reaseguros’ ya no la conocía ni Don Sisebuto si resucitara para volver a este valle de lágrimas. Incluso hasta Don Jenofonte se compró un Smartphone… Y empezó a jugar al golf. Teniendo ese cacharro a su disposición, era capaz de contestar a todos los correos sin necesidad de estar en la oficina.

Y todos los trabajadores respiraron con los nuevos aires. Que ya iba siendo hora.

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